
Los excesos de velocidad en los pensamientos de la mente, también pueden provocar tragedias. Coordinar tiempo y ausencia es difícil, más aun sin tu compañía. El temor por lo desconocido y la ansiedad pasan a ser dirigentes de las decisiones mínimas a las que los actos obedecen sin chistar. El murmullo exterior exhala desesperación y el interior un sinsentido de la vida demasiado pesado para soportar.
Es ahí donde vuelvo a mirar el velocímetro y cuando ya conciente de la aceleración no encuentro respuesta que me ampare: el choque se sucede.

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