
Los lazos que me atan perforan la herida, la sangre empieza a fluir. El deseo de liberación aumenta pero los semáforos morales lo detienen. El rojo encandila y la libertad perfecta me despide en la inmensidad.
La condena de la vida mortal me somete a la dependencia. Me resigno ante la utopía de libertad, todo nace en la inquietud, crece en el deseo pero muere en la lágrima que añora lo inalcanzable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario