No te inquietes, no te aflijas, pero este ahora y ellos no existen.
No existe la red que creías ver desde el abismo para sostenerte.
La red resultó ser telaraña que, con suerte, quizás logre rozarte en tu caída. Y lo demás, ya te dije. No está.
Sentate y quedate quieto. Sentí la nada y fijate si tolerás la hemorragia de esta realidad.
Volvé a abrir lo ojos y salí a Ser, que al fin y al cabo no hay nada seguro, no hay nadie del otro lado ni nada por perder.
Y una vez más, nos vemos allá afuera.

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