
Imposible de concebir en la razón, porque no se pensó, ya no existe y nunca existió. La orden del día se acaba de cumplir, perfecto sinsentido, karma actualizado.
La voz se calla y el castigo a la orden del día. La ansiedad administra el show
Paradójicamente ya concibo la risa del mañana que me tiene hoy paralizada.
Y aún así, conciente y ciegamente, se cierran herméticamente mis puertas, no ha lugar para un zoom de lo real. Me estanco en este instante atroz que me obliga a seguir tipeando.
Y la impotencia de las mil suposiciones maratónicas, y el pánico de lo futuro por saberme aún débil y la culpa del no fin de este ahora interminable que exige una lágrima para sellarse como vivido.

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